miércoles 15 de agosto de 2007

Nostalgia, II

Luego de ese beso, todo mi cuerpo se rindió ante él. Su mano, que se había mantenido en mi espalda comenzó a moverse. Luego volvió a acercarse a la pared, esta vez dejandonos a oscuras. Pero veía, en esa oscuridad me veía, sentía que me encontraba a mí misma entre esas tinieblas, que me descubría.

Dentro de mi cuerpo se mezclaban las emociones de forma indescriptible. Mi mente estaba en blanco y ningún pensamiento se posó en ella durante esos instantes. Los latidos de mi corazón eran tan fuertes que me sentía en una guerra, donde miles de balas atravesaban mi pecho sin compasión. Pero no había dolor. Y algo dentro de mí me hacía aferrarme a él como si de eso dependiera seguir viviendo.

Nunca supe qué sentía él, sólo estaba segura de que al besarlo por primera vez sentí que realmente la sangre corría por mis venas; Estaba viva, ¡Viva al fin! en sus brazos había dejado de ser ese cuerpo sin alma que durante muchos años estuvo buscando un refugio. Era como una mariposa, que luego de salir de la crisalida al fin lograba sentir el cielo.

Los minutos pasaban. Nos besábamos desesperadamente, y todo alrededor parecía cobrar vida también. Una suave brisa erizaba mi piel y movía sus cabellos. Yo temblaba, pero no de frío ni de miedo, era una nueva sensación que mi cuerpo descubría. Y en mis ojos se asomaron algunas lágrimas que él sintió al rozarme. En ese momento encendió la luz y me preguntó:

- ¿Estás llorando? -
- Nah, no me hagas caso. - Respondí

Acercó su mano a mi rostro limpiando mis lágrimas e insistió con sus preguntas
- ¿Por qué lloras? -
- Creo que es simplemente porque estoy viva. -
- Explicate. -
- No importa, ya te dije que no me hicieras caso. No lo entenderías aunque quisieras. -
- Te molesta lo que acaba de ocurrir, ¿verdad? -
- No, no me molesta, de hecho sería maravilloso que fuese la introducción a cosas mucho mejores. -
- Podría ser la introducción a lo que tu quisieras si me lo permitieses. -

Callé y tomé su rostro besándolo nuevamente y permitiendo que mis labios explicaran en un beso lo que no podían decir con palabras. Luego fue mi mano la que se acercó a la pared y le devolvió la oscuridad a la escena.

El sonido del viejo reloj ya no me aturdía, ahora su danzar guiaba nuestros pasos hacia la habitación.

jueves 9 de agosto de 2007

Nostalgia, I

Eran ya casi las 12 de la noche y Enzo aun no llegaba. La impaciencia estaba acabando conmigo y no podía dejar de escuchar el molesto movimiento de ese reloj antiguo que me regaló mi madre en navidad. Tras cada sonido del teléfono, él me aseguraba estar más cerca pero seguía sin aparecer. Yo, que me había arreglado con especial esmero, continuaba retocando mi maquillaje y mi peinado para verme linda delante de él. Durante esos días aun me importaba darle una buena impresión, y en una noche tan importante como esa cualquier detallito que me alejara de la perfección era casi un pecado.

"Alístate, estoy llegando. " Dijo al teléfono luego de algunos minutos. Increíblemente no me sentía nerviosa. Supongo que el haberme gastado casi todo el sueldo para conseguir el vestido más lindo, los zapatos más altos, el labial más rojo, el mejor perfume y un cabello que demostraba a leguas haber estado toda la mañana en la peluquería, me daban la confianza de saber que iba a sorprenderlo... Frente al espejo parecía otra, y detrás de todo ese maquillaje y esa apariencia impecable se escondían muchas ilusiones.

Lo único que me preguntaba era a donde me llevaría. Pero iba a saberlo pronto, porque ya escuchaba pasos en las escaleras...

Al sonar mi puerta, sentí una extraña sensación dentro de mí, un cosquilleo insistente que me mantenía congelada.

- Pasa, está abierto. - Dije, y me mantuve sentada en el sofá.

Tras el sonido de la puerta escuché pasos, y el aroma que se aproximaba poco a poco me indicaba que cada vez él estaba más cerca. Su caminar era lento, y sentir su presencia a pocos centímetros de distancia fue lo que me hizo levantarme. Aun no volteaba a verlo, me mantenía de espaldas y con los brazos cruzados esperando que se detuviera justo detrás de mí. Pero sentí que los pasos se alejaban poco a poco, y asomé mi perfil para ver a donde se dirigía. Se veía glorioso esa noche, estoy segura que al verlo así hasta la luna habría querido escaparse del cielo y adentrarse en el negro que cubría su cuerpo. Se estaba acercando nuevamente a la puerta, y al verlo al fin, y tan cerca, di vuelta a mi cuerpo completamente, y ahora era yo quien caminaba hacia él.

Acercó su mano a la pared, y me di cuenta que su intención era apagar la luz. No lo detuve. De nuevo el cosquilleo se adueñaba de mi cuerpo, esta vez paralizándome por completo. Antes de apagar las luces volteó a verme, y nuestras miradas se encontraron como dos nómadas que luego de muchos años vagando al fín encontraban su verdadero lugar.

Su mano se alejó de la pared y comenzó a acercarse más y más mientras yo seguía congelada y completamente indefensa frente a él. Pudo haber hecho absolutamente cualquier cosa conmigo y mi cuerpo lo habría permitido sin poner barrera alguna. Mis ojos no podían dejar de verlo y su mirada tan profunda (Sólo ese día me miró de esa manera) le ahorraba millones de palabras, piropos y ramos de rosas. El trabajo estaba hecho y ya todas las cartas estaban sobre la mesa.

- Tenía magníficos planes para ésta noche, pero creo que no podrán llevarse a cabo. - Me dijo, rompiendo al fin el silencio.
- Y por qué no? - Pregunté extrañada.
- Porque si te sigo mirando como un bobo no nos rendirá el tiempo. Te ves... Dios! No sé ni qué palabras decirte. Jámás te había visto tan bella. -
- Me alegra. - Dije sonriendo mientras mi cuerpo se descongelaba poco a poco.
- ¿Hay algo en particular que quieras hacer esta noche? ¿A donde quieres que te lleve? -
- Veamos si me conoces. ¿A donde crees que me gustaría ir? -
- Ehh... Déjame pensar... A bailar, no. Al cine, no. Es un poco tarde para cenar, así que a comer, no. Creo que llegué muy tarde y no hay muchas cosas que podamos hacer. Disculpa, linda. Pero salí del trabajo tardísimo y luego tuve que ir a mi casa a cambiarme. -
- Tranquilo, no hay problema. Pero procura llegar más tremprano la próxima vez. -
- ¿Y tú cómo sabes que habrá una próxima vez? -
- Por la forma en que me miras, querido. -
- Te veo muy confiada, Patricia. Eso me sorprende en ti. -
- ¿Acaso me equivoco? -
- No, tienes razón, aun estoy impactado por lo linda que estás. Probablemente esta sea la primera de muchas citas. Por mí, de todas las que tú quieras. -
- Es bueno saberlo. - dije sonriendo de nuevo.

Sus ojos me miraban de pies a cabeza y no podía evitar agitarme, el hielo que cubría mi cuerpo había desaparecido. El cosquilleo comenzaba a manifestarse de otra forma, ahora estando tan cerca de él sentía que ardía entre llamas.

De repente me tomó por la cintura y acercó mi rostro a su cuerpo dejandonos a una distancia mínima, casi nula. Mis labios no podían siquiera moverse y mi mente no lograba coordinar las palabras para decir alguna cosa. Una de sus manos se paseaba suavemente por mi rostro y retiraba mis cabellos, mientras la otra acariciaba mi espalda descubierta. Sus ojos me mantenían hipnotizada y no supe más de mí hasta que rocé sus labios. En ese instante nos besamos por primera vez.

Desnuda

Pasadas las 10 de la mañana aun me mantengo acurrucada en mi cama junto a Enzo, que está entretenido viendo la televisión. El día se ve lluvioso desde la ventana y el clima es magnífico. Me levanto de la cama envuelta en sábanas, salgo de la habitación y camino a la cocina.

- ¿Para qué te cubres? ¿Acaso hay algo que no te haya visto? - Pregunta Enzo, que se levanta detrás de mí. Siempre pregunta lo mismo y me mantengo en silencio. Él no sabe que aun no me conoce. Hace más de un año que estoy envuelta entre sábanas que él jamás ha visto.

- Enzo, dime algo. ¿Qué sientes? -
- ¿Qué....? -
- Por mí, ¿qué sientes? -
- ¿Acaso debería sentir algo? - Dice riendo con sarcasmo.
- Sólo pregunto. -
- Me molestan esas preguntas. -
- No te molestan las preguntas. Te molesta responderlas. -
- ¿Para qué quieres saber si siento algo? ¿Eso va a cambiar de algun modo las cosas? -
- ¿Por qué no puedes responderme? -
- Porque sabes que sí siento, y ese es el problema. Que no debería. Y tú tampoco. Pero aun así te gusta preguntar pendejadas. -
- ¿Tú sientes?
- ¿Y qué pensabas? ¿Que era de piedra? No te hagas la loca. Sabes que sí siento y te gusta escucharlo. Como siempre sales con tu maldito ego. -
- No es cuestión de ego, pero dudo, Enzo, dudo mucho que en realidad sientas algo. -
- ¿Y por qué lo dudas? ¿Porque te digo fea? ¿Porque alardeo de mis otras miles de aventuras? ¿Porque me hago el duro cuando me dices cositas lindas al oído? No. No es por eso. Dudas porque eres idiota. Porque eres la típica niña bonita que lo único que quiere es un novio bonito. Porque todo lo que no es rosa te parece gris aunque no lo sea. Dudas porque quieres todo a la vez y la vida no es así. Pero sé que tambien sientes, por eso sigo contigo. -
- ¿Cómo sabes que siento? -
- Lo veo en tus ojos, y tambien tiemblas pero no de miedo. Tu cuerpo me lo grita aunque tú ni abras la boca. ¿Te comiste el cuento de que era un tipo superficial que no se daba cuenta de las cosas? Pues, ¿que te puedo decir? soy buen actor. Ahí tienes otra de mis virtudes para tu lista. -

En ese instante callo, no sé qué decirle. Me siento más desnuda aun, siento que no tengo piel y él puede ver todo lo que hay dentro de mí. Temo. No quiero ser vulnerable pero al parecer sí me conoce. Tomo las sabanas y cubro con más fuerza mi cuerpo, pero es inútil. Sé que mi alma sigue desnuda delante de él. Bajo mi rostro. Me es imposible mirarlo a los ojos. Una suave brisa atraviesa la habitación y siento que arrastra mis sentimientos y los deja a sus pies. Trato de mantenerme distante y no menciono palabra alguna. Enzo tambien hace silencio y luego de algunos instantes sólo escucho el sonido de su encendedor mientras prende un cigarrillo.

De repente escucho un suspiro, y luego otras palabras salen de sus labios y caen como una avalancha sobre mí cuerpo tembloroso.

- Eres bella, Patricia. Eres preciosa. Pero eso no te da derecho a hacerme sentir cosas!! No sé qué demonios me pasa contigo. -
- ¿Por qué te da tanto miedo sentir? -
- Porque no estoy solo. Y tú tampoco lo estás. -
- ¿La quieres? ¿La quieres a ella? -
- El problema no es ella, Patricia. Tú llegaste antes. Pero yo no estoy solo con ella. Y me encanta la vida que tengo. Me encanta mi libertad. -
- Yo no te la estoy quitando. -
- Pero me atas sin darte cuenta. -

Luego regresa a la habitación sin voltear a verme y yo me siento en el suelo a contar las lágrimas que caen de mis ojos.

miércoles 8 de agosto de 2007

Una llamada entrante

Muy temprano en la mañana suena mi teléfono celular, trato de contestar lo más rapido posible para no despertar a Enzo, que sigue a mi lado. Es mi novio quien llama.

- Buenos días, mi princesa. ¿Como estás? -
- Casi dormida, y tú? -
- ¿Casi dormida? Ya deberías estar lista para salir al trabajo. -
- Me tomé el día libre. -
- Sigues sintiéndote mal? -
- Un poco. No dormí muy bien anoche. -
- Pobrecita... ¿Quieres que vaya a visitarte? No tengo nada pendiente para hoy en la mañana. -
- No, tranquilo. Me daré un baño para salir. Tengo que comprar unas cosas. -
- ¿Quieres que te acompañe? -
- Preferiría ir sola. -
- ¿Qué te ocurre?, te noto extraña. -
- Nada, solo me siento un poco mal. -
- Ves? No deberías salir sola. Déjame acompañarte... -

En ese momento Enzo abre los ojos y me mira mientras estira sus brazos y se recuesta entre un montón de almohadas. Mi cuerpo se estremece por completo. Él se mantiene en silencio. Sabe que no puede hacer otra cosa. En sus labios se posa una irónica sonrisa mientras escucha las miles de excusas que digo al teléfono.

Luego se me acerca y me abraza, no puedo evitar tartamudear. Mi novio me pregunta qué ocurre e invento que ví una araña en el suelo. Enzo comienza a acariciar mi espalda y trato de alejarme de su cuerpo para que mi voz se mantenga normal, pero no tiene caso, tartamudeo de nuevo.

- Patricia, ¿qué te ocurre? -
- Nada, no pasa nada. -
- Te escucho nerviosa, tu voz se corta. -
- No pasa nada, mi amor, seguro es movilnet que está echando vaina. - Digo para tratar de disimular. Enzo se levanta de la cama y veo su silueta perfecta trasladarse hacia el baño lentamente.

- Bueno, entonces te llamo más tarde a ver como sigues. Debo colgarte porque tengo una llamada en espera, un beso, que estés bien. - Me dice. Y en ese instante todo se queda en silencio, ya no está.

Suspiro aliviada y me pongo cómoda mientras le hablo a Enzo que sigue en el baño.

- Buenos días. -
- Buenos días mi fea. ¿Como pasaste la noche? -
- Bien, como siempre. -
- Claro, sé que te encanta estar conmigo. -
- Tan temprano y ya comienzas con tus estupideces. Te felicito. -
- Vas a tener que decirle a tu noviecito que te llame más tarde. Me despertaste muy temprano y aun tengo sueño. -

Me quedo en silencio, luego me levanto de la cama y corro la cortina para que entre un poco más de luz a la habitación. A ver si así la oscuridad de mi conciencia se atenúa un poco.

martes 7 de agosto de 2007

Vacaciones

- Buenas noches, fea. Como estás? -
- Bien, ¿Tú? -
- Pues, más o menos... -
- ¿Por qué más o menos? -
- Porque sigues diciéndome fea... -
- Disculpa, lindura... jeje que chistosa eres. Mira, ¿No hay moros en la costa, verdad? -
- No, estoy sola en casa. -
- ¿El idiota de tu novio no vino a visitarte? -
- No, le dije que me sentía mal y que no podía verlo hoy. -
- ¿Te sientes mal? ¿Qué tienes? -
- No tengo nada. Sólo tenía ganas de verte. -
- Ahh, por eso le inventaste eso a tu novio. Caramba, Patricia, me impresiona todo lo que haces para acostarte conmigo. -
- ¿Cuando dejarás de ser tan creido? -
- Cuando dejes de ser tan evidente, mi cielito. -
- Bueno, en fin. Que bueno que llegaste. Necesito decirte algo. -
- A ver, te escucho. -
- Estoy planeando irme de vacaciones a Italia. -
- ¿Con tu novio, verdad? -
- No, contigo. -
- ¿QUÉ? -
- Sí, como lo oyes. Contigo. -
- Eso es imposible, Patricia. Pueden descubrirnos. -
- Podríamos correr el riesgo. Una buena mentira sería suficiente. Te imaginas? Los dos solos, en Italia. Podríamos hacer el amor en la calle si nos diera la gana y no tendríamos que escondernos de nadie! Sería maravilloso! -
- ¿Y se te olvida que sería demasiada casualidad que ambos nos fuesemos a Italia? -
- No tendríamos que decir ambos que vamos a Italia. Puede ser España, Australia, Alemania... Eso es lo de menos. -
- No tengo dinero para darme esos lujos. Y tú tampoco. ¿Qué vamos a inventar? ¿que nos ganamos la lotería? Por Dios Patricia. -
- No seas pesimista. Podemos ingeniárnoslas. Anda, dime que sí. -
- No, Patricia, no estoy seguro y no creo que haya alguna forma de que puedas convencerme. -
- Yo creo que si hay una. -

En ese instante lo beso, desabotono su camisa poco a poco, la tela que me cubre acaricia su pecho descubierto, lo guio a mi cama sin dejar de besarlo, me recuesto, le susurro suaves gemidos al oído, lo dejo arrancarme la ropa y el aliento. Una vez más estamos juntos. Una suave lluvia acaricia la ventana y es el complemento perfecto para una noche que apenas comienza.

Luego me acuesto a su lado y lo observo detenidamente. Es perfecto. Su cabello negro, su piel blanca, y su rostro... Ese rostro que me hace pensar que Diós no descansó el domingo luego de crear al mundo sino que estuvo todo el día creándolo a él... Creando esos ojos negros, esa sonrísa gloriosa. Fue calzado con exactitud en un cuerpo magistral, cada poro, cada celula. No hay defecto alguno en él...

Me siento tan pequeña a su lado, tan insignificante. Me siento honrrada de merecerlo, de poder estar con él aunque no sea de la mejor manera. He llegado a pensar que lo amo pero... Prefiero no pensar en eso, prefiero no estar segura. Sé que me quiere, sino no estaría conmigo. Pero no me ama, sé que no me ama, él sólo se ama a sí mismo, sólo ama a su reflejo en el espejo. ¿¡Y como no amarse siendo tan perfecto!?

Y yo... ¿Como no amarlo teniendolo tan cerca?

Volteo, dejo de verlo para no atormentarme. Para calmar la avalancha de sentimientos que crecen dentro de mi al estar con él. ¡Que no daría yo por quedarme a su lado toda la vida! ¡Que no daría por dejar de temerle a lo que siento! Pero no, sigo sintiendo. Y eso me da tanto miedo...

- ¿Sabes, Patricia? Ya no necesitas llevarme a Italia. -
- ¿Ah no? Y por qué no? -
- Porque me llevaste a un sitio mejor. Me llevaste a las estrellas... -

Volteo y miro sus ojos, los mismos ojos que creí que jamás se detendrían a verme, y lo beso, juntamos nuestros labios de nuevo para no hablarnos, para no recordarnos con palabras lo que nuestras conciencias no dejan de gritarnos: Esto es un error.

Y da miedo continuar, da miedo mirar hacia adelante. Son tantas las cosas que ya hemos hecho mal...